sábado, 18 de septiembre de 2010

Juliaca, Ciudad de los Vientos

sábado, 18 de septiembre de 2010

Algún detalle peculiar de la geografía local suele simbolizar a todo un pueblo o ciudad. Son los casos del Misti para Arequipa, del lago para Puno, de la flora para Moho y de las aguas termales para Putina. En Juliaca, el viento hizo que a esta capital provincial, se la denomine “Ciudad de los vientos”.

Otros apelativos similares que se han propuesto, son: Primer Torreón del Viento (Luis de Rodrigo, 1925), Hija del Viento (Lizandro Luna, 1957), Parque de los Vientos (Vicente Benavente, 1971), Rosa de los Vientos (Luis Nieto, 1976), Wayra Marka (Asociación de Sicuris y Zampoñas, 1982), Dama de los Vientos (Alberto Valcárcel, 1987) y María de los Vientos (Samuel Álvarez, 1993), entre otros.

El viento es un elemento infaltable de la geografía local desde el Período Arcaico. En las culturas que florecieron en la región Puno, su fuerza o energía se la utilizó para diferentes actividades, también se contrarrestó su acción negativa. Así, los pescadores, de gran presencia en la Juliaca ancestral, la emplearon para el desplazamiento de sus balsas; los agricultores, para separar los desechos de la quinua o cañihua. Por otra parte, una notable tecnología agrícola desarrollada por los pukaras, la de los campos elevados, logró con creces contrarrestar la acción dañina de los vientos; los vestigios de esa antiquísima tecnología puquina, los apreciamos actualmente en las pampas calceteras.

En la colonia los cronistas no dejaron de mencionar al viento como un elemento esencial de la geografía puneña. De ellos, Pedro Cieza de León, quien transitó por estos lares en 1549, escribió: “Es la tierra del Collao toda llana… Caminando con viento es gran trabajo andar por estos llanos del Collao; faltando el viento y haciendo sol da gran contento ver tan lindas vegas y tan pobladas”.

En 1612 Ludovico Bertonio en su Vocabulario de la lengua aymara, registró la palabra wayra, como “El viento que corre de ordinario”, y el término Jisq’i wayra, como “viento recio”. De modo que el vocablo wayra, tiene similar acepción en las lenguas aimara y quechua, porque el quechua recogió esta palabra aimara.

En los albores de la república, el 21 de noviembre de 1826, el viajero alemán Heinrich Witt anduvo por Juliaca. Ese tránsito quedó registrado en su diario, así: “pasé por otro lugar llamado Juliaca... curato de más o menos tres mil almas... Viento, lluvia, granizo, rayos y truenos, me acompañaron parte del camino”.

El viento en numerosas ocasiones asoló a la población calcetera haciendo gala de su fuerza devastadora. El diario arequipeño La Bolsa, en su edición del 5 de marzo de 1903, informaba detalles de la destrucción de varias viviendas juliaqueñas, originado por un ciclón: “En la tarde de ayer, un fuerte ciclón… destruyó las techumbres de la Municipalidad, parte de la capilla de Las Mercedes, de los almacenes de Ratti, Rivera, Velásquez, de los hoteles del Globo y Central, de las casas Casanova y muchas otras... Se calcula en 10,000 soles, el monto de las pérdidas ocasionadas por el siniestro. Este acontecimiento ha causado honda sensación y verdadero pánico entre los habitantes. Felizmente no hay desgracias personales que lamentar”.

Quizá este fenómeno eólico, comentado por buen tiempo, no sólo sirvió para acuñar a Juliaca como Ciudad de los Vientos; sino que propició el establecimiento de molinos de viento para el suministro de agua en la capital de la provincia de San Román. Uno de esos molinos se colocó en la entonces plaza Grau (hoy Plaza Bolgnesi). En un informe de 1912, se consignaba: “Existen cinco [molinos], además uno á vapor de gran potencia... hay días que cuando no funcionan los molinos de viento, tienen que beberse de pozos”.

La escritora juliaqueña Gloria Mendoza Borda se pregunta: “en la Ciudad de los Vientos... ¿Qué poeta que pasó o vivió en Juliaca no se siente afectado por estos fríos soplos?”. En efecto, en los años de la vida provincial, muchos artistas y escritores encontraron en el viento una fuente de inspiración.

Hace ocho decenios el poeta Luis de Rodrigo pergeñaba los siguientes versos: “!Alalau! / vientecillo / traicionero / de la pampa / que triste tu canto de noche /...”. Una década después, los maestros Julio Arce Valencia y José Catacora Solórzano dirigían la revista Vientos. En 1949 el maestro y escritor José Portugal Catacora publicaba una leyenda sobre Juliaca, con el rótulo de El viento agorero. Con el mismo nombre, en 1976, Ramón Edilberto Gutiérrez escribió otro relato. En 1957 el escritor Lizandro Luna emitía estas atinadas y fundadas reflexiones: “Juliaca, la Ciudad de los Vientos por antonomasia, es hoy el centro nervioso del altiplano peruano... Juliaca es hija del viento. Vientos cardinales le dieron su dinamismo, su tónica comercial, su empuje en el vértigo del progreso... El viento es, pues, su mejor símbolo, su lema heráldico... el momento actual es de inquietud cósmica. Soplan vientos atléticos. Vientos iconoclastas que derrumban ídolos. Vientos de renovación del poeta que empuja a la lucha y a la acción. Se avecinan huracanes”.

Vicente Benavente Calla, el patriarca de la poesía calcetera, tituló a su segundo libro de versos: Vientos de amor (1962) y a su último libro antológico Raíces del viento (1997). La segunda producción de José Parada Manrique apareció con el rótulo de Banderas al viento (1965).

El 10 de noviembre de 1982 irrumpió en la Ciudad de los Vientos, una agrupación musical de Sicuris y Zampoñas denominada Wayra Marka. La traducción de estas expresiones aimaras es “pueblo del viento”. También, en esa década se constituyó otra entidad musical bajo la designación de Grupo Viento.

En 1987 el escritor calcetero Alberto Valcárcel Acuña, en la sección Por los 4 suyos del diario Expreso, escribía: “Apenas llegas a Juliaca, sale el viento a recibirte con el mayor afecto... ES EL VIENTO que lame tenaz, calles y casas, parques y cerros, llanos y amoríos, el que te abraza apenas llegas a sus linderos”. En 1992 apareció una breve antología bajo la denominación de Viento, que reúne versos de seis poetas, entre ellos los de Vicente Benavente Calla y José Parada Manrique. En 1995 salió a la luz Vuelo al viento, cuarto libro de versos de Samuel Álvarez Enríquez.

En 1999 en el máximo certamen nacional de danzas, en la Festividad de la Virgen de la Candelaria, Juliaca estuvo representada por los Caporales de los Vientos, una agrupación conformada por dos prestigiosas entidades: el Centro Cultural Andino y la Asociación Folklórica Virgen de la Candelaria (AFOVIC). Existen más referencias.

Concluimos, exhortando a las autoridades y a la población juliaqueña en general, que es hora de emprender acciones de envergadura para mejorar la productividad en diversos sectores, utilizando energía no convencional, como la energía eólica, que está al alcance de todos; de modo que no dependamos exclusivamente de la energía convencional. Si logramos el uso generalizado de la energía eólica, estaremos utilizando un recurso nuestro que lo tenemos en abundancia y dando lustre a uno de los apelativos de esta tierra calcetera, el de Ciudad de los Vientos.

Escribe: René Calsín Anco

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